Mujeres en la Biblia y en el Leccionario

por Ruth Fox, OSB

En la conclusión de una presentación de cuatro horas sobre “Mujeres en la Biblia” que hice recientemente; una de las participantes expresó: “¡Nunca me había enterado de que Jesús tenía discípulas mujeres!”. No lograba entender por qué nunca había escuchado esto, ya que había sido una católica devota que asistió a la Iglesia durante sus 35 años de vida. Había escuchado la lectura de las Escrituras de los domingos y las homilías semana tras semana, pero su reconocimiento confirmó una vez más que las revisiones del Leccionario que ordenó el Concilio Vaticano II tienen una gran falla.

La revisión del Leccionario fue ordenada por la Constitución sobre la Sagrada Liturgia: "A fin de que la mesa de la palabra de Dios se prepare con más abundancia para los fieles, ábranse con mayor amplitud los tesoros de la Biblia" (n.° 51). En 1969, la Congregación para el Culto Divino promulgó una nueva orden de lecturas para la Misa. A partir de esta directiva, la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos autorizó la publicación de un nuevo Leccionario para usar en nuestras iglesias a partir del Domingo de Ramos de 1970.

De este modo, se proporcionaron muchos libros y pasajes de la Biblia a los católicos a través de las lecturas de las Escrituras realizadas en las Misas diarias y de los domingos. Las homilías basadas en las lecturas tenían como objetivo ilustrar la importancia de estos pasajes en la vida cristiana; y por más de 25 años los pastores, liturgistas y católicos en los bancos han estado regocijándose debido a una mayor exposición de la palabra de Dios. La mayoría de las personas suponen que el Leccionario presenta fielmente la esencia de la Biblia, omitiendo sólo unos pocos pasajes problemáticos o sangrientos.

Esta suposición satisfactoria se ha convertido en una polémica debido a una escandalosa evidencia que prueba lo contrario. Un análisis cuidadoso del Leccionario revela que se ha omitido un número desproporcionado de pasajes referentes a las mujeres en la Biblia. Se han pasado por alto libros de mujeres, experiencias de mujeres y logros de mujeres en las lecturas de las Escrituras asignadas que están siendo utilizadas en nuestras iglesias los domingos y los días de semana. En este artículo mostraré algunos de los pasajes bíblicos más importantes sobre las mujeres que fueron totalmente omitidos, que están delegados a los días de semana donde sólo pocos practicantes podrán escucharlos, o que son designados como opcionales. Espero poder ilustrar cómo se utilizan algunas lecturas del Leccionario para reforzar lo que algunos consideran como las debilidades o los roles apropiados de la mujer. Luego realizaré una revisión rápida de los desequilibrios de los santos que son reconocidos en el Leccionario. Por ultimo, haré algunas sugerencias para los liturgistas y las personas que presiden la ceremonia para poder rectificar los defectos.

Mujeres del Antiguo Testamento

Una investigación sobre el Leccionario revela que la presencia de dos valientes parteras, Sifrá y Púa del Libro del Éxodo, fue omitida completamente del Leccionario. La lectura semanal de Éxodo 1:8-22 (Leccionario n.° 389, lunes de la semana XV del tiempo ordinario, año I) salta del verso 14 al verso 22, eliminando la historia de estas valientes mujeres, las cuales arriesgaron sus propias vidas al desafiar la ley de la muerte del faraón para defender la ley de la vida de Dios.

Débora, considerada profetisa y jueza de Israel y reconocida como madre de Israel, también es omitida en el Leccionario. Como profetisa y jueza, Débora aconsejó a las personas, planificó una estrategia militar contra Canaán, nombró un general y guió la batalla victoriosa. Se considera que la canción de la victoria de Débora en Jueces 5:1-31 es una de las composiciones existentes de la Biblia más antiguas, pero no es utilizada en el Leccionario. Aunque Gedeón, Jotán y Jefté del Libro de los Jueces tienen su lugar en el Leccionario, Débora es dejada de lado.

El Libro de Rut tiene sólo dos lecturas semanales (n.° 423, viernes de la semana XX del tiempo ordinario, año I, y n.° 424, sábado de la semana XX del tiempo ordinario, año I). El primero es el famoso pasaje “A donde vayas” que muestra la devoción por su suegra, y el segundo es el pasaje que exalta el embarazo de un hijo para su marido Booz.

Hulda la profetisa, quien hizo historia en Reyes 22, es eliminada de la lectura semanal n.° 373 (miércoles de la semana XII del tiempo ordinario, año II). Esta mujer, una contemporánea de Jeremías del siglo VII AC y una de las pocas mujeres u hombres considerados, en el sentido literal, como profeta, fue consultada por el Rey Josías, el reformador. Cuando el sacerdote encontró un pergamino antiguo (que ahora se considera que podría haber sido la forma original del Deuteronomio) en el templo, Habasinías, el rey, ordenó: “Vayan a consultar al Señor por mí, por todo el pueblo y por todo Judá, acerca de las palabras de este libro que ha sido encontrado…” (II Reyes 22:13) La delegación real llevó el pergamino no a Jeremías sino a Hulda, quien verificó la autenticidad del pergamino y, como un profeta, llevó las advertencias de Dios al rey. Los versos que hacen referencia a Hulda (versos 15-19) están quitados cuidadosamente de la mitad del pasaje del Leccionario (II Reyes 22:8-13; 23:1-3).

Ester, una gran heroína en tiempos de opresión, se menciona solamente en una lectura semanal de Cuaresma (n.° 228) que recuerda su oración pidiéndole fuerzas a Dios. En ninguna parte del Leccionario se menciona la valentía con la que salvó a su gente de la aniquilación. Se encuentran en el Leccionario otros tres pasajes del Libro de Ester (en el Común de los Santos, n.° 737; y en Misas para diversas circunstancias, n.° 821, n.° 876); sin embargo, estos tres pasajes no sólo podrían no utilizarse nunca en la parroquia, sino que además los tres hacen referencia a la oración del tío de Ester, Mardoqueo.

Judit, otra heroína que sacrificó su vida por su pueblo, es mencionada en sólo dos pasajes. Judit 13:18, 19, 20 (Leccionario n.° 709) es un salmo responsorial opcional para Común de Santa María Virgen ("Bendita tú entre todas las mujeres"), y Leccionario n.° 737, en el Común de los Santos (Judit 8:2- 8), alaba el ascetismo y la belleza física de la recluida Judit; se recomienda para proclamaciones en la conmemoración de santas que fueron viudas. En ninguna parte del Leccionario se puede encontrar la iniciativa, la determinación y el gran coraje de Judit para salvar a su nación.

Se narra el heroísmo de los hermanos Macabeo en el domingo XXXII del tiempo ordinario (n.° 157), pero el pasaje se detiene repentinamente en el tributo pagado a su madre, la cual animaba su valentía. Aunque la valentía de su madre es reconocida por la Biblia como “mucho más admirable aún y digna de glorioso recuerdo” (II Macabeos 7:20), la iglesia sólo la recuerda los miércoles de la semana XXXIII del tiempo ordinario (n.° 499) y sólo en el año I. Los hijos y su valiente madre son separados nuevamente en el Común de los Mártires (el Leccionario n.° 713.2 y el n.° 713.3 hablan de sus hijos, mientras que el n.° 713.4 habla de la madre).

Mujeres del Nuevo Testamento

Se pueden encontrar dos de las exclusiones más obvias de las mujeres de las Escrituras del Nuevo Testamento en diferentes lecturas del Leccionario diario. En la lectura continua de Romanos, se omiten los versos uno y dos del capítulo 16 del Leccionario n.° 490 (sábado de la semana XXXI del tiempo ordinario, año I): “Os recomiendo a Febe, nuestra hermana, diaconisa [la palabra griega es “diaconisa”; la Biblia Americana Nueva (NAB, por sus siglas en inglés) utiliza “pastora”] de la Iglesia de Cencreas. Recibidla en el Señor de una manera digna de los santos. Y asistidla en cualquier cosa que necesite de vosotros, pues ella ha sido protectora de muchos, incluso de mí mismo”. De este modo, los practicantes nunca escucharán en nuestra liturgia acerca de Febe, una mujer que era diaconisa. Se realiza otra omisión declarada de un verso sobre la influencia espiritual de una mujer en II Timoteo 1:1-12, lectura asignada al miércoles de la semana IX del tiempo ordinario, año II. El Leccionario n.° 355 omite cuidadosamente los versos 2 y 5, e incluso el que dice: “Deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice”.

También hay omisiones sobresalientes sobre mujeres en los pasajes del Evangelio asignados. Parece increíble que el Magnificat, la hermosa y revolucionaria canción de María en Lucas 1:46–56, nunca sea pronunciada un domingo; se la incluye un día de semana antes de Navidad (n.° 199) y en dos días de fiesta de María, la Visitación (n.° 572) y la Asunción (n.° 622). Pero al no ser asignada a un domingo, el Leccionario parece querer correr el riesgo de que no muchos católicos escuchen esta maravillosa canción atribuida a María.

El Evangelio de Lucas es el único que narra la curación de una mujer que realizó Jesús, la cual había estado lisiada durante dieciocho años (Lucas 13:10-17); sin embargo, es asignado al sábado de la semana XIX del tiempo ordinario (n.° 479). Aunque Jesús la reconoce con el estado poco común de la “hija de Abraham”, esta historia conmovedora sobre su fe y la ruptura de Jesús de la ley del sabbath en la sinagoga para curar a una mujer no es pronunciada ningún domingo.

De acuerdo con los evangelios, se sabe que las discípulas de Jesús, encabezadas por María Magdalena, fueron los primeros testigos de la resurrección. Sin embargo, el evangelio del domingo de Pascuas en el Leccionario estadounidense (n.° 43) se detiene justo en el momento de la hermosa historia de la aparición de Jesús a María Magdalena en el jardín y su importante encargo a ella. “Ve a decir a mis hermanos…” (Juan 20:17; el Nuevo Leccionario canadiense rectifica este problema agregando los versos 10-18.). De hecho, esta aparición de Jesús a María Magdalena no se menciona en ningún domingo de Semana Santa pero es asignada al Martes Santo (n.° 262) y es utilizada nuevamente en la conmemoración de los santos (siempre un día de semana, nunca un domingo) en julio (n.° 603). Por otro lado, la carrera de Pedro y Juan hacia la tumba en Juan 20:1-9 (n.° 43) es contada cada Domingo de Resurrección y la aparición de Jesús a Tomás en 20:19-31 (n.° 44) es leída en el segundo Domingo de Semana Santa cada año.

Si bien es natural que los evangelios deban proclamar las apariciones del Señor resucitado para los Domingos de Resurrección, los evangelios asignados del cuarto al séptimo Domingo de Resurrección utilizan los extractos de la oración de Cristo en la Última Cena, ignorando la aparición de Cristo a María Magdalena y el diálogo con la misma en Juan 20:11-18 para la proclamación del domingo. Del mismo modo, el evangelio para el Lunes de Pascua (n.° 261) proporciona la explicación de Mateo de las mujeres que encontraron a Cristo resucitado (Mateo 28:8-15). Mientras que se lee Mateo 28:1-10 en cada Vigilia Pascual en el año A, Mateo 28:8-15 sería una excelente continuación para el evangelio del domingo; pero es relegado al lunes. La primera lectura para cada Domingo de Pascuas es tomada de Hechos de los Apóstoles. Las selecciones se centran en los sermones y actividades de Pedro, Pablo, Bernabé y Esteban. Las mujeres líderes encontradas en Hechos de los Apóstoles, Tabita, Lidia y Priscila, tienen un lugar secundario en las lecturas semanales de Pascuas.

La mujer opcional

A lo largo de todo el Leccionario, algunos de los pasajes del evangelio asignados que son bastante largos tienen puntos de corte opcionales para hacer que las lecturas sean más cortas y supuestamente más aceptables en la asamblea de los domingos. El que preside está autorizado a leer todo el pasaje o a acortarlo. Muchos de estos pasajes apartados con paréntesis como opcionales y prescindibles están relacionados con la experiencia de las mujeres.

Para el 2 de febrero, el banquete de Presentación del Señor en el Templo, está asignado el pasaje de Lucas 2:22-40. Cuando María y José presentaron a Jesús en el Templo, se encontraron con Simeón y la profetisa Ana, quienes reconocieron al infante como el Salvador. En el Leccionario (n.° 524), los versos sobre la profetisa Ana se pueden omitir. Este mismo evangelio se lee el domingo luego de Navidad en el año B (n.° 17), pero tanto Simeón como Ana se consideran opcionales allí. Puede que la profetisa Ana no aparezca nunca como testigo de Jesús en nuestras iglesias.

Que Jesús haya sanado a una mujer con una hemorragia es significativo para dar cuenta de cómo Jesús ignoraba los tabúes contra la mujer (hablar a una mujer en público, ser tocado por una mujer o convertirse en impuro por ser tocado por una mujer que sangra). Sin embargo, este milagro con sus implicancias se puede omitir en el evangelio (Marcos 5:21-43) en la lectura corta opcional para el domingo XIII en el tiempo ordinario, año B (n.° 99). Si el que preside decide no leerlo en el año B, nunca se escucha en la asamblea de los domingos. Las versiones completas de Mateo y Marcos de esta historia se pueden escuchar un día de semana (martes de la semana IV en tiempo ordinario, todos los años, n.° 324; y el lunes de la semana XIV en tiempo ordinario, todos los años, n.° 383), pero la versión de Lucas se omite entera en el año C.

El Evangelio de Mateo se utiliza para la lectura de la pasión en el Domingo de Ramos, año A (n.° 38). Aunque esta versión sobre la pasión comienza con el ungimiento de Jesús en la cabeza por una mujer, el Leccionario omite esos versos (26:6-13). La versión corta opcional de esta lectura también finaliza antes de la mención de las mujeres fieles que habían seguido a Jesús a Jerusalén desde Galilea. La lectura del evangelio para el miércoles de Semana Santa (n.° 260) comienza nuevamente con Mateo 26:14, repitiendo la historia del domingo de la traición de Judas y excluyendo nuevamente el ungimiento por parte de la mujer.

Para el año B del Domingo de Ramos, la lectura de la pasión es de Marcos (n.° 38). Sólo la versión larga opcional incluye el ungimiento de Jesús en la cabeza por una mujer y el testimonio de las mujeres en la cruz. Por lo tanto, el rol de las discípulas mujeres de Jesús está nuevamente excluido para los que quizás sólo escuchen la versión corta.
En el Evangelio de Juan, el ungimiento de Jesús está a cargo de María de Betania en un banquete servido por su hermana Marta. Esta versión de la historia del ungimiento (Juan 12: l-8) se lee únicamente un día de semana, el lunes de Semana Santa (n.° 258). No está incluida en la lectura de la pasión del Viernes Santo, que está extraída del Evangelio de Juan.

Uno puede preguntarse: ¿hay alguna versión del ungimiento de Jesús por parte de una mujer que le sea familiar a los católicos? Por supuesto, la mujer pecadora y penitente de Lucas 7:36-50, que lava los pies de Jesús con sus lágrimas, se presenta el sábado XI en el tiempo ordinario del año C (n.° 94) y cada año los jueves de la semana XXIV en el tiempo ordinario (n.° 446); pero el Leccionario no nos da la misma familiaridad con las versiones de Marcos y Mateo, en la que la mujer, que no está identificada como una pecadora, asume el rol de profetisa en el ungimiento de Jesús en la cabeza. Es a esta mujer que Jesús promete (¿en vano?): “Yo os aseguro: dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya” (Mateo 26:13).

El Evangelio de Lucas también incluye un pasaje (8:1-3) que da cuenta de algunas de las discípulas mujeres de Jesús: María Magdalena, Juana, Susana y otras que no tienen nombre. Estos tres pequeños versos están adjuntos a Lucas 7:36-50 cuando se lee el sábado XI en el tiempo ordinario del año C (n.° 94). Pero, ¿por qué? Por asociación con la mujer de Lucas 7:37, ¿las mujeres que se nombran en Lucas 8:2-4 también se asumen como pecadoras? Estos versos están marcados como opcionales, pero si se omiten, Juana y Susana pueden pasar como desconocidas excepto por una mención un día de semana (el viernes de la semana XXIV en tiempo ordinario, todos los años, n.° 447).

Una de las pocas imágenes femeninas de Dios en los evangelios, "el reino de Dios es como la levadura que toma una mujer..." (Mateo 13:33) es opcional en el único domingo en el que aparece (el XVI en el tiempo ordinario, año A, n.° 107). Las parábolas de Mateo y Lucas con esta imagen más la parábola de la semilla de mostaza que se ve los días de semana (lunes de la semana XVII en tiempo ordinario, Leccionario n.° 401, y el martes de la semana XIII en tiempo ordinario, Leccionario n.° 480). Probablemente pocas homilías de los domingos presenten la imagen de una mujer panadera para balancear la imagen del Dios granjero.

Cuando las mujeres no se pasan por alto o no se consideran opcionales en el Leccionario, algunos pasajes que contienen referencias positivas con respecto a ellas se dejan de lado mientras que los que contienen referencias negativas se retienen. Tomemos, por ejemplo, Éxodo 15:20-21, en el que Miriam (hermana de Moisés y Aarón) se identifica como profetisa y lidera una liturgia del día de acción de gracias luego de cruzar el mar; este pasaje se omite en el Leccionario. Estos versos podrían haberse adjuntado a la lectura de la Vigilia Pascual (n.° 42) que exalta el rol de Moisés, en particular teniendo en cuenta la erudición moderna que ha casi probado que la tradición antigua de los principios religiosos postula que Miriam es la que lidera la liturgia del día de acción de gracias. La versión de que Moisés lidera la canción de la victoria se agregó después, extraída de la historia de Miriam. Sin embargo, el lado más débil de Miriam se revela posteriormente, en la historia de su envidia y castigo con la lepra (Números 12:1-13) en una lectura de día de semana (martes de la semana XVIII en el tiempo ordinario, año I, n.° 408).

Otra tendencia llamativa es la edición de los textos de acuerdo con los estereotipos de género. Uno de los ejemplos más convincentes es el de la edición de Proverbios 31 para el domingo XXXIII en el tiempo ordinario, año A (n.° 158). El Leccionario omite los versos 14-18 y 21-29, que elogia la iniciativa de la mujer, su perspicacia para los negocios, su dignidad y su sabiduría: “Fue como navío de mercader: trae su pan de lejos… Consideró la heredad, y compróla; y plantó viña del fruto de sus manos. Ciñó sus lomos de fortaleza, y esforzó sus brazos… Hizo telas, y vendió; y dio cintas al mercader… Fortaleza y honor son su vestidura; y en el día postrero reirá.” Sin embargo, el Leccionario incluye los pasajes que elogian a la mujer por servir a su marido y ser su “premio que no se despoja”. El evangelio para ese mismo día es Mateo 25:14-30, que es sobre tres sirvientes a los que se les da piezas de plata. Sólo con la lectura del pasaje completo de la mujer laboriosa los oyentes podrán encontrar una conexión con el sirviente laborioso del evangelio.

La tragedia del sacrificio de la hija de Jefté se lee el jueves de la semana XXIX en el tiempo ordinario, año I (n.° 422). Su padre, habiendo hecho un voto precipitado de sacrificar “al que sea que salga de las puertas de mi casa hacia mí cuando vuelva en el triunfo” (Jueces 11:31), se sintió obligado a cumplir con su promesa descarada. El Leccionario aumenta la tragedia al poner después de esta lectura la respuesta “Aquí estoy, Señor; vine a cumplir con su voluntad” y el Salmo 40. ¿Esto implica que Dios aprobó el voto impulsivo de Jefté o que los padres tienen autoridad ilimitada y capaz de amenazar la vida de sus hijos? Seguramente nunca se esperará que las víctimas de la violencia canten “Aquí estoy, Señor” en la mesa de sacrificio. Aquellos que canten esta canción pueden lógicamente preguntar: ¿dónde está el dios que rescató al hijo de Isaac de su padre pero que no rescató a la hija de su padre?

El domingo de la Sagrada Familia, el domingo posterior a Navidad, uno puede esperar encontrar lecturas que retraten a la familia de María, José y Jesús como un modelo de las familias contemporáneas. La primera lectura de Sirac se refiere al respeto por las madres así como por los padres (Sirac 3:4, ver Leccionario n.° 17), pero el salmo en respuesta que sigue, el Salmo 128, está dirigido a los hombres y refleja la vista del salmista del rol ideal de la mujer: “Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa”. La segunda lectura claramente pone a las relaciones familiares en una perspectiva similar: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos” (Colosenses 3:18). Se debe dar crédito a los obispos estadounidenses, que solicitaron y recibieron el permiso del Vaticano en junio de 1992 para omitir ese verso y los tres versos siguientes para la lectura en público. Se solicitó y se recibió un permiso similar para acortar Efesios 5:21-32 para omitir “Las mujeres deben someterse a sus maridos...” el domingo XXI en tiempo ordinario, año B (Leccionario n.° 123), el martes de la semana XXXVIII en tiempo ordinario, año II (Leccionario n.° 480) y en las bodas (Leccionario n.° 775). Uno se pregunta si los encargados de las liturgias y los pastores son conscientes de estos permisos (ver el Boletín informativo del Comité de Obispos sobre la Liturgia, junio de 1992).

La primera lectura del Domingo de Pentecostés (n.° 64) es Hechos 2:1-11. El verso de apertura como está en la Biblia (NAB) dice: “Cuando llegue el día de Pentecostés, los encontraré reunidos en un solo lugar” (se agrega énfasis). Los que se reunieron se nombran en Hechos 1 como los once y “algunas mujeres en compañía y María, la madre de Jesús y sus hermanos”. En el Leccionario, la oración de apertura se interpreta y se modifica para que se lea: “Cuando el día de Pentecostés llegue, encontrará a los hermanos reunidos en un solo lugar” (se agrega énfasis). Aunque “hermanos” teóricamente sea un sustantivo inclusivo, no se lee de esa manera en esta selección. ¿Los encargados de la homilía han revelado que María y otras mujeres recibieron al Espíritu Santo en Pentecostés junto con los hombres?

El calendario de los Santos

Una parte importante de nuestra experiencia litúrgica católica es la recordación y celebración de los hombres y las mujeres sagrados que han sido fieles a Cristo hasta la muerte. Desde el tiempo de los mártires, la tradición litúrgica ha traído santos a nuestra atención para la veneración, inspiración y estímulo. El Leccionario 1970, por supuesto, sigue al calendario revisado. Pero el ciclo santoral revisado tiene un margen desequilibrado de 144 santos masculinos y 28 santas femeninas. (Los obispos estadounidenses han agregado desde entonces 10 hombres y 7 mujeres a la lista). El mes de junio únicamente tiene a 19 hombres bajo la veneración de la iglesia, ¡y ninguna mujer! Los días del ciclo santoral están ordenados en escala descendiente: solemnidad, fiesta, recordatorio y recordatorio opcional. Las celebraciones en honor a María, José, Juan el Bautista, Pedro y Pablo tienen el estatus de solemnidades. Las fiestas también están asignadas a estos cinco nuevamente, así como a otros 14 hombres. La categoría más alta en el calendario que tiene una mujer que no sea María es la de recordatorio. Aunque María Magdalena ha sido reconocida a través de los siglos como “apóstol de los apóstoles” (véase Juan Pablo II, Sobre la dignidad y la vocación de la mujer, n.° 16), jerárquicamente se encuentra debajo de los Doce en la liturgia.

Estudios exhaustivos de la liturgia revelan que los 42 santos masculinos tienen al menos una lectura propia asignada para su día, mientras que sólo 8 santas femeninas (sin contar a María) tienen una lectura especial. De ellas, sólo María Magdalena, Teresa del Niño Jesús y Ana (que comparte el recordatorio con Joaquín) tienen asignada una lectura y evangelio propios. Los recordatorios sin lecturas propias pueden utilizar lecturas del conjunto apropiado de lecturas “comunes” (Común de los Mártires, Común de los Santos y demás). Sin embargo, para los días que se categorizan por debajo de las fiestas, que incluyen todos los recordatorios de las mujeres, las guías de la liturgia recomiendan el uso de las lecturas diarias continuas del Leccionario.

Los recordatorios de santos tanto hombres como mujeres usan el Común de los Mártires y el Común de los Santos. Pero sólo los recordatorios de hombres usan el Común de los Pastores y el Común de los Doctores. Además, sólo a los recordatorios de mujeres se les asigna el Común de las Vírgenes, aunque muchos de los santos masculinos sean vírgenes también (es decir, célibes o religiosos consagrados).

Los recordatorios de las dos únicas mujeres que alguna vez se nombraron como “doctoras” de la iglesia, Catalina de Siena y Teresa de Ávila, ambas tienen primeras lecturas propias, pero el evangelio no se escoge del Común de los Doctores sino del Común de las Vírgenes (para ambas Catalina y Teresa) o del Común de los Santos/Religiosos (para Teresa).

Las mujeres y los hombres que están buscando nutrirse de las historias de nuestros ancestros, tanto masculinos como femeninos, encuentran que la dieta es bastante escasa en la mesa de la liturgia. Manifestaciones invaluables.

La lógica que se utiliza para escoger los textos de las Escrituras para el Leccionario se encuentra en la introducción al Leccionario, especialmente en el n.° 7 y el n.° 8. Los pasajes omitidos son los de menor importancia; los que contienen serios problemas literarios, críticos o exegéticos; los que no serán comprendidos por los creyentes; los que no son esenciales para el significado de las Escrituras; los que tienen menor valor espiritual; los que tienen menor valor pastoral y los que contienen preguntas realmente difíciles. Ciertamente, todos nosotros estaríamos de acuerdo en que no todos los pasajes de la Biblia son adecuados para la lectura en público en la liturgia; y un análisis del Leccionario similar al mío hubiera revelado que también se omiten muchas historias sobre hombres. Pero dado el foco ya de por sí limitado sobre la mujer en la Biblia, parecería que los editores del Leccionario comenzarían a elegir ser más inclusivos para las mujeres, si desearan que la liturgia les hable a las mujeres. Pero no se trata simplemente de hablarles a las mujeres. De la misma manera que los hombres son elevados como modelos espirituales para las mujeres (¿cuántos sermones hemos escuchado sobre la fe de Pedro?), así, la espiritualidad de los hombres se enriquece y fortalece con los patrones de santidad femeninos.

Desde el Vaticano II nos han recordado una y otra vez que “la liturgia es la cumbre a la que tiende la actividad de la iglesia; al mismo momento es la fuente de la que fluyen todos sus poderes” (Constitución sobre la Sagrada Liturgia, n.° 10). Se espera que la liturgia sea la fuente de la santidad y la celebración de la unión con Dios para todas las personas de Dios. Si la liturgia debe ser auténtica, debe hablar sobre la experiencia del hombre así como de la mujer. Porque “la Sagrada Escritura es de importancia suprema en la celebración de la Liturgia” (CSL n.° 24), las lecturas de las Escrituras deberían representar la totalidad de la historia de la salvación y la experiencia humana. Ya que la homilía debe derivarse especialmente de las lecturas de las Escrituras, por lo tanto, si las lecturas pasan por alto a la mujer o presentan estereotipos negativos, las homilías también. La historia completa de la intervención de Dios en las vidas de las mujeres y de los hombres necesita hacerse conocer si la celebración de la liturgia es “relacionarse con todo el cuerpo de la iglesia” (CSL n.° 26).

El Papa Juan Pablo II ha solicitado el reconocimiento y apreciación de los regalos históricos de las mujeres: “La iglesia pide al mismo tiempo que estas “manifestaciones del Espíritu”, que con gran generosidad se han volcado poco a poco en las “hijas” de la Jerusalén eterna, puedan ser reconocidas y apreciadas de manera atenta para que puedan volver por el bien común de la iglesia y de la humanidad, especialmente en estos tiempos”. (Sobre la dignidad y la vocación de la mujer, n.° 31).

Reimpreso con permiso de la edición de mayo/junio de LITURGY 90, © 1996, Arquidiócesis de Chicago. Todos los derechos reservados. Publicaciones de capacitación en la liturgia, 1800 N. Hermitage Ave., Chicago IL 60622-1101.
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Algunas acciones que los que presiden y los encargados de las liturgias pueden tomar para utilizar el Leccionario en su máximo potencial

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