Mujeres en el Leccionario Católico Romano
En un artículo que marca un hito histórico, publicado en el ejemplar
de mayo/junio de Liturgy/90,Liturgy Training Publications,
la Hna. Ruth Fox, OSB, presenta un amplio estudio acerca del rol
de las mujeres en el leccionario Católico Romano. En él descubre
que la mención del liderazgo de las mujeres fue inexplicablemente
eliminada de los textos de numerosos leccionarios. Incluyo aquí
algunos de los ejemplos más destacados. Para realizar un análisis
más detallado, se recomienda leer el artículo completo.
Mujeres en las escrituras hebreas
Soy una partera católica, y lamentablemente,
nunca había oído hablar de dos parteras hebreas que actuaron como
salvadoras de su gente hasta que me topé con ellas en forma accidental,
durante un retiro espiritual. Ya creía que nunca iba a poder iniciar
un programa educacional sobre partería debido a la rígida oposición
de los profesionales obstétricos locales. Sin embargo, Sifrá y Púa
estaban esperándome para consolarme en las páginas de mi breviario.
Aunque cueste creerlo, jamás había oído la poderosa historia de
estas dos mujeres.
La lectura diaria del Exodo, 1:8-22
(lunes de la decimoquinta semana en tiempo ordinario, Año I), salta
del versículo 14 al versículo 22, eliminando así la historia de
la valerosa y pacífica resistencia de estas dos mujeres a la orden
del Faraón de matar todos los niños valores hebreos. Si ellas le
hubieran obedecido, Moisés no hubiera nacido nunca. ¡Qué maravillosos
modelos de obediencia a Dios y a la conciencia personal y no a las
leyes criminales del estado! ¡Qué maravillosos ejemplos de alguien
que "escoge un estilo de vida"! Pero nuestros hijos e hijas nunca
escucharán acerca de estas mujeres desde un púlpito católico.
Otras de las líderes hebreas sobre
las que nunca escuchamos ni una palabra es Julda, la profetisa cuidadosamente
suprimida del texto del libro Segundo de los Reyes, 22:8-13 (miércoles,
duodécima semana en tiempo ordinario, Año II). Así también, la eliminación
de la historia de la madre de los hermanos Macabeos (trigésimo segundo
domingo en tiempo ordinario). A pesar de que su valor es encomendado
como "admirable y digno de ser recordado eternamente" (2 Macabeos,
7:20), la lectura del domingo se detiene justo antes del pasaje
que rinde tributo a esta mujer por exhortar a sus hijos a actuar
valientemente. En cambio, su historia sólo merece una mención en
las lecturas diarias.
Ester y Judit son reconocidas únicamente por sus estereotípicos
atributos "femeninos", y no por su heroísmo y coraje para salvar
a su pueblo. Ester sólo es mencionada en una lectura diaria en tiempo
de Cuaresma, en la que se registra su oración pidiendo fortaleza.
No se hace ninguna mención a la valentía con que salvó a su nación.
Judit es alabada por su ascetismo y su belleza física, no por la
iniciativa, la determinación y el coraje que ejerce para liberar
a su nación.
LMujeres que ungieron a Jesús
Una de las omisiones más irónicas y
sistemáticas del leccionario es la de la mujer que toma un rol profético
al ungir a Jesús (Mateo, 26:6-13). Aún cuando Él promete: "En verdad
les digo, dondequiera que se proclame el evangelio, en todo el mundo,
se contará también su gesto, y será su gloria", la mayoría de nosotros
jamás habíamos oído acerca de la mujer que parece ser la que mejor
entiende la misión pascual de Jesús.
En el relato de la Pasión de Mateo
que se lee el Domingo de Ramos (Año A), vemos que aunque el pasaje
comienza con la imagen de la mujer ungiendo a Jesús, el leccionario
omite estos versículos (26:6-13). La versión opcional más corta
también concluye justo antes de la mención de las fieles mujeres
que había seguido a Jesús desde Galilea hasta Jerusalén. El evangelio
del Miércoles Santo repite la lectura del Domingo de Ramos, y excluye
nuevamente la unción hecha por la mujer. La lectura de la pasión
del Domingo de Ramos durante el Año B, del Evangelio de Marcos,
vuelve a incluir la unción hecha por esta mujer y la presencia de
las mujeres al pie de la cruz en forma opcional. Por último, el
relato de Juan acerca de la unción realizada por María de Betania
durante el banquete servido por Marta no se incluye en la lectura
de la Pasión del Viernes Santo, sino que se lee sólo durante un
día de la semana -el Lunes Santo.
Los pasajes de la unción que conocemos son aquellos en los cuales
la mujer es una pecadora penitente que lava los pies de Jesús con
su cabello. Nuestras hijas y hijos escuchan acerca de esta mujer
en las lecturas del jueves de la vigesimocuarta semana y el undécimo
domingo en tiempo ordinario (Año C). Es posible que nunca lleguen
a oír acerca de la profética mujer que ungió la cabeza de Jesús
para darle fuerzas en preparación de su Pasión. Esto refuerza la
desafortunada noción de que las mujeres y el pecado están vinculados
invariablemente. ¿Cuán a menudo escuchamos mencionar a Pedro como
el pecador arrepentido, aún cuando sin duda reúne los requisitos
para integrar esta categoría, como también Mateo el cobrador de
impuestos y Pablo el fabricante de carpas?
María Magdalena
Los cuatro evangelios nombran a María
Magdalena y a las otras mujeres discípulas como los primeros testigos
de la resurrección. No obstante, el evangelio del Domingo de Pascua
se detiene justo en el momento en que Jesús se les aparece en el
huerto y les da su misión apostólica: "Vayan y díganle a los otros..."
En cambio, la narración de la carrera de Pedro y Juan para llegar
al sepulcro (Juan, 20:1-9) se repite cada Pascua. Por si esto fuera
poco, las menciones en las homilías acerca de María Magdalena la
relacionan invariablemente con la pecadora pública, destacando una
vez más la temática mujer-pecado. Esto se produce a pesar de que,
de acuerdo con los estudios bíblicos contemporáneos, no hay evidencia
alguna de que María fuera una prostituta o una pecadora pública.
Inexplicablemente, este importante relato de la aparición de Jesús
a María en el huerto no se menciona en ningún Domingo del tiempo
de Pascua, sino que es asignado a un día de la semana, el Martes
de Pascua. Aún así, la historia de Tomás y sus dudas se lee el Segundo
Domingo de Pascua, cada año. Esta omisión puede ser especialmente
dolorosa para las mujeres cristianas después de vivir las liturgias
de Semana Santa, en las cuales ven que las mujeres fueron las únicas
que acompañaron a Jesús a través de su crucifixión, sepultura, muerte
y resurrección. Para aumentar la dificultad, cuántas veces hemos
escuchado en los sermones que Jesús fue "abandonado por todos" en
sus últimas horas de sufrimiento. Es decir, todos menos las mujeres,
que una vez más son ignoradas e invisibles, a pesar de que su presencia
debe haber sido muy importante para Jesús.
Las mujeres en los Hechos de los Apóstoles
Las lecturas de cada uno de los Domingos de Pascua se concentran
en las actividades de Pedro, Pablo, Barnabás y Esteban. Las mujeres
líderes en los Hechos -Tabita, Lidia y Prisca- sólo aparecen en
las lecturas diarias del tiempo Pascual. En efecto, la mayoría de
los católicos ignoran totalmente que alguna vez hubo mujeres líderes
en las iglesias de los primeros tiempos. Lo cual no es sorprendente
considerando que raramente, o nunca, se las menciona durante los
domingos.
Sugerencias para celebrar un Dios
inclusivo en Jesucristo
Tenga plena conciencia de la histórica
parcialidad androcrática tanto en los textos cristianos como en
los hebreos, y trate de reducirla mediante una proclamación y una
predicación inclusivas. Cambie las referencias a "Abraham, Isaac
y Jacobo", refiriéndose a ellos como nuestros "padres en la fe"
(expresión estándar en la versión NRSV de la Biblia), o incluyendo
a Sara, Rebeca y Raquel. Cuando los textos (particularmente los
salmos y otras lecturas de la escritura hebrea) se refieren solamente
a los "hijos" como los descendientes importantes, considere la proclamación
de "hijas e hijos", "descendientes", "herederos y herederas", o
"vástagos".
Quand les écritures mentionnent les
femmes disciples de Jésus par leurs noms (Joanan, Suzanne, Marie
de Béthanie, Marthe, Marie de Magdala, etc.) ou qu'il est fait mention
des femmes leaders qui ont marqué l'Eglise primitive (Prisca, Phoebe,
Junias, Lydie, etc.), profiter de l'occasion pour parler de Jésus
qui considérait les hommes et les femmes au même rang. Les femmes
(et surtout les filles) dans nos congrégations pourront alors commencer
à se reconnaître dans les histoires de l'Evangile, dans d'autres
rôles que des pécheresses repentantes, " gentilles ", ou n'ayant
besoin que de guérison.
Algunas iglesias han comenzado una
columna en sus boletines parroquiales titulada "La mujer y la Palabra".
De esta manera, la parroquia puede comenzar a aprender acerca de
las investigaciones bíblicas recientes, a ver las escrituras a la
luz de la experiencia de una mujer, y a reconocer y destacar los
dones para el ministerio y la predicación que poseen las mujeres.
Es también una oportunidad de ver y oír mujeres proclamando la Buena
Nueva de la salvación de Jesús como parte integral de su femineidad.
Durante la proclamación, reinstale
las líderes mujeres eliminadas en los textos del Leccionario. (Vea
el libro de John Huels, More Disputed Questions on the Liturgy,
para informarse sobre la legalidad canónica de añadir versículos.)
Celebre las fiestas de María Magdalena
(22 de julio), de las Doctoras de la Iglesia Catalina de Siena y
Teresa de Ávila, así como también todas las fiestas de María y de
otras santas prominentes como Juliana de Norwich, Clara de Asís
o Teresa de Lisieux, las cuales brindan valiosas oportunidades de
que la congregación conozca mejor a las mujeres discípulas de Jesús
y la investigación bíblica contemporánea. Como complemento adicional,
considere la opción de brindar la oportunidad de predicar a mujeres
y ministros laicos debidamente cualificados para hacerlo. Durante
las diversas ocasiones que esto ha ocurrido en mi propia parroquia,
nuestras expectativas de adviento fueron aún más altas y condujeron
a una alegría más profunda durante el tiempo de Navidad
La Semana Santa es un tiempo especialmente
fructífero para promover la proclamación equilibrada de la Buena
Nueva entre hombres y mujeres. No es difícil observar la heroica
fidelidad de las mujeres discípulas de Jesús durante esta semana.
En forma alternativa, cuando las mujeres no se ven incluidas en
las celebraciones, la Semana Santa puede convertirse inadvertidamente
en una fuente de dolor, por cierto, no pequeña.
Los líderes litúrgicos debieran recuperar
durante el Domingo de Ramos el relato de la mujer que ungió a Jesús,
cumpliendo así Su promesa de narrar esta historia "en memoria de
ella". Muchas iglesias ofrecen servicios de Tenebrae presididos
por mujeres. Otras incluyen una mujer para que presida con el sacerdote
la conmemoración de la Pasión durante el Viernes Santo. Hay otra
celebración del Viernes Santo que destaca las diversas lecturas
relacionadas con las mujeres que siguieron a Jesús. Los himnos y
las reflexiones breves realizadas por algunas mujeres son intercalados
con las lecturas de las escrituras. Yo presencié algunas de estas
celebraciones ecuménicas en una parroquia cercana durante el año
pasado. Se celebró al mediodía, antes del oficio ordinario, y fue
una experiencia renovadora para todos los hombres y mujeres presentes.
Seguramente las celebraciones del Triduo, cuando las mujeres discípulas
de Jesús permanecieron con fe inquebrantable a su lado desde la
cruz hasta la tumba y hasta la resurrección, pueden constituir "ocasiones
especiales" para preparar a las mujeres para la predicación. Esto
brinda un equilibrio entre los sexos y también visibilidad a las
fieles mujeres durante este tiempo, el más solemne y glorioso del
año litúrgico. No es necesario decir que sería conveniente atenuar
las referencias al abandono de Jesús "por todos", cuidando al mismo
tiempo de no de disminuir el horror de la copa que bebió por nosotros.
Nuestra última oportunidad con la
juventud
Espero haber brindado suficiente información
bíblica y litúrgica para promover enfoques creadores de oración
que permitan a las mujeres, jóvenes y niñas experimentar una inclusión
mayor en su hogar religioso. Sin duda, hay muchas otras sugerencias
posibles. Me encantaría escucharlas.
Un último punto. Es importante reconocer
mediante nuestra predicación y nuestras acciones que todavía estamos
luchando para incorporar totalmente la visión inclusiva de Jesús
en nuestra Iglesia y nuestra sociedad. No hemos logrado aún la inclusión
total de ambos sexos a la que hemos sido llamados de acuerdo con
nuestras creencias en Jesús. Dicho reconocimiento permite validar
la experiencia de los marginados y fundamenta la predicación acerca
de la visión liberadora de Jesús en la experiencia de vida de los
creyentes. Si dichas cuestiones no son reconocidas, es posible que
todas las personas, especialmente las más jóvenes, se alejen aunque
lamentándolo, convencidos de que los evangelios son sexistas, hipócritas
o irreversiblemente anticuados.
Tal como Pablo, debemos dar testimonio
de nuestra voluntad de que "toda la creación grita en grandes dolores
de parto" hasta que el Espíritu de Dios en Cristo vuelva para sanarnos.
Tal vez las palabras poéticas de Rainier Marie Rilke son las que
mejor lo expresan:
LLo menos que podemos hacer es poner
menos dificultades para Su retorno que las dificultades puestas
por la tierra para el retorno de la primavera.
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